Dirección General: Jesús Rivera Zúñiga

Columnista Invitada

Por María Jaramillo Alanís

LAS BALAS DE NADIE
Antes del primer taco de la mañana, uno debía ganárselo, vieja lección de Nicolás, mi apá. Y por esa razón, antes de la primera taza de café, hago mis deberes.
Pero hoy con mayor razón.
Los victorenses para recibir el año no tienen mejor deporte que tirar bala a diestra y siniestra y lanzar cohetones que casi truenan los vidrios de las ventanas,y que además, dejan basura por doquier.
Diez minutos de bala de todo tipo de calibre y hasta de ametralladora sonaron para recibir el año nuevo.
Pero en mi barrio los balazos sonaron desde muy temprano y no se apareció autiridad alguna, como siempre.
Muy de mañana salí a barrer mi patio y vi en el tejaban orificios que no tenía, afortundamente mi Divo es inteligente y no sale de su escondite, no le tocó ni una vara de los cohetones. Lo contenté con agua limpia, comida y apapachos.
A la Cukie no se le pasaba la temblorina que tuve que enrollarla en una cobija y cargarla en brazos para que se tranquilizara. A estas hora duerme bajo las almohadas.
Extraño la locomotora del tren anunciando con su pitido grave, largo y profundo las 12 de la noche, el inicio del año, la iglesia tampoco resuena sus campanas y ni hablar de la Cfe que hacia sonar su silbato, cosas que ya no volverán a Victoria.
Muchos ni siquiera tienen esos recuerdos, los niños y los muchachos de hoy, recordarán solo el sonido tétrico de los disparos, que en los últimos años se han hecho costumbre, lamentablemente.
Los balazos no me permiten pasear mi maleta por la cuadra, ya no veo el cielo para saber por dónde entra el año, ya no puedo oler la madrugada, como solía hacerlo mi amá, ella sabía todo, con solo aguzar sus oídos y su olfato.
Nos han obligado a atrincherarnos en nuestras casas para evitar una bala “perdida”.
Y aquí estamos reinventados, aturdidos, reiniciando la vida por calles llenas de hoyos y derrames de aguas negras y sin agua en la tubería.
Con gobiernos sin autoridad moral para meter orden a los que hacen sonar sus pistolas, no tenemos más qué denunciarlos y decirles que ya se vayan y dejen de chingar al pueblo.
Con todo y eso…aquí estamos y no nos vamos, hasta que el Creador diga.
Desde Mi Trinchera favorita…
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